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Obra visual de Carlos Baret: el lenguaje del concepto y lo sensible.
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Obra visual de Carlos Baret: el lenguaje del concepto y lo sensible.

Por Virgilio López Azuán

Carlos Baret, artista plastico.

De entrada

Carlos Baret (1989) es un artista visual dominicano, ganador del Premio Nacional de Pintura en la 28ª Bienal Nacional de Artes Visuales de 2015. Presenta su exposición «Vínculos transparentes» en el Centro Cultural Perelló, en Baní, provincia Peravia. Cuenta con una excelente labor de curaduría a cargo de Amable López Menéndez, quien, como crítico de arte, sostiene que el artista “se apropia del Caribe como biotopo y espacio social metamórfico; como inagotable oasis espiritual y laboratorio de resistencia creadora…”. La museografía estuvo a cargo de Will Feliz Torres y el comisariado, de la doctora Julia Castillo, directora del centro cultural y gestora de importantes eventos literarios, educativos y artísticos en la región sur y en el país.

En la exposición, se presentan más de 40 obras y se destacan las siguientes: El saber de la raíz (Acrílica sobre tela, 240 x 82”, 2025. Tríptico 1); Frontera. Instalación. (Acrílica sobre fibra de polietileno, 148 x 120”, 2022); La flor bajo la escalera. (Acrílica sobre tela, 50 x 131”, 2025); Interfases de azul. (Acrílica sobre tela, 96 x 82”, 2025); El asombro de la ciguapa. (Acrílica sobre tela, 76 x 48”, 2025); Totem. (Acrílico / Canva 76 x 48”, 2025); Jugando a las escondidas. (Acrílica sobre tela, 80 x 450”, 2025); Apuntes del umbral. (Acrílica sobre lino, 82 x 135”, 2024); Obsolescencia (Acrílico / Canva 2025); Mar de ojo. (Acrílica sobre tela, 82 x 38”, 2025); La apuesta lineal del yo con relación al tú. (Acrílica sobre tela, 82 x 42”, 2025); Vínculo (Acrílica / Canva, 42 x 82”, 2025), entre otras.

Los colores

Los colores en la plástica de Carlos Baret son virtuosos e intensos, capaces de suscitar las pulsaciones de la esencia estética. ¿Qué hace el artista? Escabullirse en sus “ondas rumorosas” y planear sobre lechos flotantes en busca de sentidos y estados sensibles. Pero allí no se queda todo; la magia está en devolver esas vibraciones para generar metasentidos y metasentimientos, mediante nuevas emociones. Para nada sirve un azul ultramarino con pigmento rojizo si no trae la chispa de la esencia, ese fuego que no es primigenio, porque nunca ha tenido origen; siempre ha estado ahí. Ese fuego que despierta los amaneceres se abre paso y se multiplica con plena libertad. Ese fuego es ese rojo; es la llama creativa de Carlos Baret, que se olvida del simbolismo de la “sangre roja” como señal de violencia y lo traduce en un sintagma de resistencia. Y ese azul ultramarino que establece vínculos con lo conceptual y lo crítico. Dentro de él subyacen imágenes capaces de revelar las inquietudes sociales y ontológicas del pintor, como sucede en la obra Interfases de azul (acrílica sobre tela, 96 x 82”, 2025). En este caso, quizá lo conceptual genere estados interpretativos diversos en cada espectador. El autor no se ha preocupado por el objetivo intelectual: la revelación de un mensaje único en el texto visual. Quizá quiso hacerlo, pero los impulsos plurales del arte no se lo permitieron; primó más el artista creador que el crítico telúrico que quiso ser. Esta obra, en la que el lienzo es tejido en forma de cuadros y un tablero de luces, sombras, blancas y azules, organiza las imágenes profundas con una matemática de cuadrados y rectángulos cuasiperfectos.       

Códigos de barras y tejidos

En el mundo posmoderno, los códigos de barras forman parte de ese nuevo lenguaje de los mercados. Reconocido a nivel mundial, el GTIN-13 permite el seguimiento y el escaneo de productos de manera simple y confiable, y se utiliza en supermercados y tiendas. Carlos Baret introduce en sus obras códigos de barras que no son escaneables, sino que también sirven como expresión o como ventana de lo conceptual. La literatura sobre este tema identifica un puente entre la tecnología y la creatividad, y lo asocia con los artistas del movimiento “Barcode Arte” o “arte conceptual”. Uno de sus cultores es el estadounidense Scott Blake, quien “utiliza códigos de barras y códigos QR para crear retratos de grandes íconos culturales”.

Volvamos a los tejidos en forma de cuadros y rectángulos observados en la muestra. El artista no solo utiliza el código de barras como imagen, sino que también representa los píxeles, la unidad básica e indivisible de la imagen digital. En las obras, estas figuras geométricas constituyen la unidad básica del texto visual. Los píxeles poseen brillo y color específicos, con una pasmosa simetría. Aunque nuestro artista los representa en forma de cuadrados y rectángulos, también pueden ser redondos, triangulares u otras formas.

En la obra de Scott Blake, la imagen surge tras el escaneo; en la de Carlos Baret no sucede lo mismo. Este tipo de arte se enmarcaría en lo conceptual, y en Baret importan el metamensaje subyacente, la proporcionalidad y el número matemático frente al objeto simbólico.

Hay varias lecturas visuales y conceptuales de estas obras. ¿Qué hay en los colores, los códigos de barras, los tejidos y los píxeles? A primera vista, ese acto de conciencia dura menos de tres segundos; se produce un trance impresionante y autárquico que da paso a una catarsis estética. Lo demás queda detrás. El mensaje que el artista quiere transmitir lo hace mediante un metamensaje, elaborado con el velo de los colores, las proporciones matemáticas, el marketing tecnológico y las hogueras del acto conceptual. No solo muestra barras verticales, sino que también las utiliza en horizontal, como si se tratara de un ruido digital en la línea gráfica de la exposición. Es quizá un cuestionamiento a la dependencia tecnológica de la sociedad actual o una especie de rebeldía técnica.

Tejidos del Caribe

El propio autor de “Vínculos transparentes”, Carlos Baret, ha señalado en su catálogo promocional que la muestra “propone una mirada profunda del Caribe como territorio trenzado y reflectante de la memoria”. “El Caribe como un tejido vivo que se integra, desintegra y reintegra una y otra vez”. Y es que el Caribe es diversidad: el multicolor tropical, la intensidad ancestral de África y el rosario de la lengua y la cultura europeas. Las trenzas en su simbolismo pictórico, como cascadas del Iguazú, caen sobre los lienzos de la memoria. Una memoria de luchas, migraciones, imperios y dominación. El Caribe se teje en las manos de Baret, con un impulso emocional, expresivo y vivaz.

En estas muestras no solo prima lo estético, sino que—aunque haya que perforar el lienzo— el mensaje central y los metamensajes flotantes para la imaginación del espectador—nos revelan esos episodios de encuentros y desencuentros en una isla partida, con dos cuerpos distintos, empeñados en la construcción de su mismidad. Hay una frontera porosa, por donde todo se puede trasegar, aludiendo posiblemente a la frontera dominico-haitiana, pero aplicable a cualquier frontera limítrofe. Lo hace con la intención estético-conceptual de plasmar esas realidades en las que se establecen vínculos visibles y “Vínculos transparentes”.    Estas ideas las podemos encontrar en el acrílico sobre fibras de polietileno denominado Frontera. Instalación. (Acrílica sobre fibra de polietileno, 148 x 120”, 2022).

Dimensiones perforadas

En la mayoría de las obras presentadas en la exposición “Vínculos transparentes”, Carlos Barte no se limita a la bidimensionalidad del plano, sino que perfora la tridimensionalidad del lienzo. El artista elabora otros planos, los superpone en capas. Logra varios textos visuales por capa. Quizá esta técnica de hendir, cortar y tejer el lienzo oriente ciertos límites del arte y destaque el acto manual del artista, pero este ejercicio bien vale la pena en la búsqueda y concreción de una expresión auténtica que refleje la identidad del creador.

Las hendiduras en el lienzo y la salida del objeto artístico, tanto del lienzo como del marco, son técnicas utilizadas para llevar al límite el hiperrealismo pictórico, y en el caso de Baret no existe esa intención, sino que, por medio del arte contemporáneo o del abstraccionismo contemporáneo, crea una serie de ilusiones ópticas que vibran con patrones visuales geométricos. Esto permite la multiplicación de las percepciones, que busca en las escalas matemáticas un arte de expresión con vocación crítica de la realidad social y del impacto de los códigos de mercado en nuestras vidas. El uso de los códigos de barras como objeto artístico, así lo revela.

El asombro de la ciguapa

En la colección, una pintura que llama la atención es “El asombro de la ciguapa”, en la que la corriente del expresionismo figurativo —contemporáneo— nos devuelve una imagen emblemática de la mitología y el folclore de la República Dominicana. Es la representación de una mujer con los cabellos largos, cuyos talones se dirigen hacia adelante y los pies hacia atrás. Su origen puede encontrarse en los imaginarios, como una mezcla de las culturas: europea y taína. Bernardo Vega (2021) dice que: “Para los dominicanos, se trata de una mujer con pelo largo y revuelto, y con los pies al revés, es decir, con los calcañales al frente y los dedos hacia atrás, que habita en zonas remotas del país y que captura a ciertos hombres, no los deja ir hasta que estos la preñan”.

Carlos Baret nos presenta esta muestra pictórica y pone de relieve un tema entronizado en las altas montañas de nuestras cordilleras. Su arte nos retrotrae a ese rasgo de la identidad dominicana que se niega a desaparecer. Se recuerda que el mito de la ciguapa ha sido recreado por varios escritores dominicanos, entre ellos, Francisco Javier Angulo Guridi, Márcio Veloz Maggiolo, Juan Bosch, Manuel Mora Serrano, Emiliano Tejera y Joaquín Balaguer. En las artes visuales, lo encontramos en Antonio Guadalupe, Jaime Colson, Said Musa, Alberto Ulloa y Firelei Báez.

En la obra que seguimos, se tiende un puente entre lo mitológico y los problemas sociales actuales, pues “la ciguapa” aparece aquí frente a un mundo caótico, como lo es la textura del fondo de la pintura, característica propia del expresionismo antes citado, que suele deformar las figuras con colores vehementes para representar la realidad cruda. Una realidad llena de tensión, ansiedad y angustia. En “El asombro de la ciguapa”, más allá de la imagen de la mujer de contornos definidos, no queda claro si se asombra o suplica ante lo que supone ver. Ella se entroniza en el mundo actual de códigos y barras; incluso experimenta una transmutación en esa fusión: los cabellos se convierten en una extensión de esos códigos. Es una ciguapa que viste ropa a la usanza de esta época y se difumina en un paisaje onírico de la posmodernidad.   

Lo conceptual / lo sensible

Junto a los tejidos, las trenzas y las hendiduras, se destacan en algunas obras los nudos, elaborados con el mismo lienzo u otro material empleado en la obra visual. Estos nudos, además de su interés estético, constituyen una interpretación conceptual que revela los sentidos críticos del autor. Esa voz interna estalla de forma delatora. Simboliza seres enlazados, tejidos y trenzados por sistemas vinculantes ancestrales. Cada nudo representa la unión, la fortaleza, lo presente y lo imaginario de los habitantes del Caribe. Un espacio violento y apacible; segregado, explotado y marginado. Nudos caribeños, insulares, estructuras míticas, esperanzadoras, existenciales y mágicas. Es en el metaconcepto histórico y cultural del Caribe donde las obras de Baret estallan con destellos plásticos, con la abundancia del color azul y del rojo: azul del fondo marino como universo de inmediación, y rojo, portador de la resistencia ante la rabia y la violencia de seres explotados, socavados en sus honduras.

Sensible, porque ningún espectador se sustrae al azul puro ni a la pureza azul de los mares que rodean las islas caribeñas. Sensible, ante la descarga emocional de unos lienzos capaces de rescatar nuestra identidad tras tantos naufragios.  

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